La orden de Dios

De mis mensajes en el tiempo para el común de los mortales.

En 2012 no tuvo lugar el fin del mundo, como muchos hubieran deseado, ni la humanidad elevó su nivel de conciencia, como otros tantos esperaban; simplemente, como anticipó la novela The children of men, de Phyllis Dorothy James, que triunfó únicamente cuando se hizo la celebrada película de Alfonso Cuarón, Hijos de los hombres, las mujeres dejaron de tener hijos. Y lo harían durante 20 años. La humanidad tardó un año en descubrir que el parón biológico, que se denominó enseguida orden de Dios, Godsorder, tenía fecha de caducidad.

La orden de Dios, sin embargo, no afectó al esperma de los hombres, como sucede en la novela, sino a las mujeres, cuyo útero dejó de producir óvulos fértiles. Fue el investigador vasco Alfred Berasategui quien descubrió el reloj biológico que se había puesto en marcha en el ADN de la humanidad y que, al cabo de 20 años, volvería a funcionar. Ahora sabemos que el objetivo era reducir de una forma no traumática la población que estaba asfixiando el planeta. Quiero creer que en ese descubrimiento tuvieron algo que ver mis mensajes enviados desde el año 2055 al Parque de Investigación Biomédica de Barcelona. Soy técnico de mantenimiento de ciclotrones para la producción de radiofármacos. Las radioemisiones de neutrinos son mi forma personal de intentar cambiar el mundo. He conseguido enviar nubes de partículas a una velocidad superior a la de la luz que deberían haber llegado a este mismo lugar hace entre treinta y cuarenta años.

En 2012, la población mundial empezó a disminuir. Puesto que morían en el mundo 80.000 personas cada día y no nacía ninguna, el descenso de la población fue de 500 millones de personas en aquellos veinte años. Las niñas que habían nacido en los diez años anteriores a la orden de Dios estaban destinadas a ser las nuevas procreadoras cuando se levantara la maldición. Sin embargo, no todas iban a resultar fértiles. Sólo el diez por ciento lo fue, según el plan de Dios. La humanidad ha seguido perdiendo 64.000 habitantes cada día, más de 20 millones al año, y no se conocen los límites. Si no se produce ningún cambio, al ser humano le quedan, por lo tanto, trescientos años de existencia.

La historia de Phyllis llevada al cine por Cuarón dibuja un mundo sumido en el caos; sin embargo, la realidad fue otra. En los países, como China e India, en que la mayoría de mujeres tienen como única misión la de reproducirse y mantener a la familia, se produjeron verdaderas revoluciones; en África, donde la mujer es, además, quien trabaja en el campo, ésta se organizó y se independizó. Sin la necesidad del hombre para la reproducción, la mujer se ha hecho valer. En aquellas partes del mundo en que los niños se usaban para trabajar y para garantizarse la vejez, las familias tuvieron que reestructurarse; en los lugares donde la religión consideraba a las mujeres meros objetos y las ocultaba, hubo cambios sustanciales. No hace falta decir que, en muchos lugares poco desarrollados o dominados por la religión la población femenina incluso disminuyó, ya que muchos consideran a las hembras inútiles si no pueden tener hijos. En los países desarrollados, los hechos fueron distintos; la mujer asumió el mando de su propia vida; el matrimonio prácticamente fue extinguido.

La vejez asumió el papel que había tenido la infancia antes de la orden de Dios.  Al aumentar el número de personas con más de sesenta años, la sociedad se centró en mejorar su calidad de vida. La producción de alimentos se vio garantizada con la disminución de la población, los recursos aumentaron, así como la esperanza de vida; el trabajo empezó a escasear, pues la tecnología permitía producir todo lo necesario con muy pocas personas en activo. Diez años después de que se produjera la orden de Dios, a cada persona nacida en el mundo se le asignó un crédito por el que tenía cubiertas todas sus necesidades básicas y una cantidad de dinero que debía gestionar a lo largo de su vida.

Pero no todo fueron jardines de rosas. Cuando volvieron a nacer niños, las mujeres fértiles se convirtieron en una mercancía muy valiosa y se inició una nueva lucha porque las estériles no perdieran el estatus que tanto les había costado conseguir. Pero esas son otras guerras que tuvieron lugar en un mundo muy diferente al que conocen quienes estarán leyendo estas líneas, en los albores del año 2012.

Avatar de Desconocido

About cruzandoloslimites

Es lo que vemos, es lo que somos.
Esta entrada fue publicada en Los niños del futuro, Todos los futuros y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario