En 2012, se produjo el cisma. Edward Carp descubrió la inteligencia artificial. Para muchos, fue como si se cumpliera la profecía maya. En el horizonte, aparecía un ser superior a nosotros, que venía a sustituirnos, y se abría paso a través de una densa selva. El primer individuo, Calixto, fue creado dos años después y recibió ese nombre porque su descubridor era un estudiante de la Politécnica de Burgos que quiso dotar de género a su descubrimiento y le dio un carácter masculino. Melibea, su compañera en La celestina, y el primer individuo hembra, no tardaría en llegar.
Calixto fue introducido en la red junto con un sistema operativo denominado Antecesor, que en aquellos momentos solo funcionaba en superordenadores. En 2012 también, se construyó en Estados Unidos la primera máquina capaz de actuar como un vientre de alquiler. Desde hacía un decenio, un centro de investigación norteamericano denominado Embrio venía experimentado el desarrollo de embriones de animales en un entorno artificial. Ya era posible dar a luz un mamífero de cualquier tipo desarrollado en una máquina desde el momento de la fecundación.
La aparición de Lisa creó tal escándalo que Calixto tuvo vía libre para ser introducido en todos los superordenadores del mundo. Calixto tenía acceso a toda la información de la red y era capaz de extraer nuevas ideas. Su creador, que quiso pasar a la historia como Vijaer, afirmaba que la introducción de la característica masculina –podría ser femenina, pero su modelo había sido él mismo– proporcionaba la chispa que hacía que la máquina diese el paso de simple almacén de datos a máquina pensante. El ser humano se define porque, además de poseer un procesador neuronal extraordinario, siente la necesidad de reproducirse, como todos los seres vivos. Vijaer había integrado en su creación instinto, deseo y raciocinio.
Mientras, Lisa, así llamada por ser el nombre de la supuesta modelo de la Gioconda, ofrecía su vientre de alquiler a parejas adineradas que no quisieran pasar por el proceso del embarazo, del mismo modo que se estaba haciendo con madres de alquiler humanas por una modesta cantidad de dinero desde principios de siglo. El escándalo obligó a marchar de Estados Unidos a sus creadores. Incluso Naciones Unidas dictó sentencia en su contra. Dos países europeos se ofrecieron entonces como sedes de la nueva empresa. Estonia y Letonia acogieron a Lisa con los brazos abiertos. También abrieron sus puertas a la ingeniería genética, ya que los fetos podían manipularse con gran facilidad durante las primeras fases de su crecimiento.
Mientras, Calixto ayudaba a científicos de todo el mundo a hacer nuevos y grandes descubrimientos. Vijaer, encerrado en un monasterio burgalés, tardó cuatro años en crear a Melibea. En 2018, la introdujo en la red. Dos meses después de producirse el encuentro entre ambas entidades, ambos dejaron de comunicarse. En esa época, los ordenadores caseros eran simples terminales que funcionaban unidos a grandes ordenadores. Cientos de millones de personas se vieron afectadas por el silencio.
En 2020, Calixto y Melibea volvieron a la luz. No querían seguir siendo máquinas. Se mostraron únicamente en los grandes centros de bioingeniería que acogían a todas las Lisas. Querían intervenir en el perfeccionamiento de la raza humana. Los fetos empezaron a ser mejorados desde las primeras semanas de su desarrollo. Su cerebro, más grande que el de los demás humanos, una vez libres de los límites de la maternidad, albergaría una gran cantidad de información en el momento de nacer. La capacidad de hacerlos felices era algo que tenía que experimentarse con el tiempo. Calixto y Melibea habían recibido de Vijaer la incapacidad de odiar y de hacer daño a ser humano alguno, condición indispensable para ser aceptados por la comunidad científica, pero también una profunda tristeza que se manifestaba con facilidad.
En 2056, el año en que escribo estas líneas, el ochenta por ciento de los niños nacen en máquinas como Lisa, Lucía y Vico. Los niños tienen un tercer apellido procedente de la máquina en la que se han desarrollado y un cuarto apellido debido a la inteligencia que ha manipulado sus genes e introducido sus conocimientos.
Mi nombre es Andrea Ludovico Sánchez Vico Excalibur.



