¿Cuántas formas hay de pensar en el futuro y en cuántas el holograma resultante es una aurora boreal que destella en nuestra mente y se desvanece mientras estamos arropados en la piel del último tigre?
En el pensamiento individual la persona se contempla a sí misma como una isla. Quien así piensa puede o no preocuparse por el futuro; puede no tener más interés que el trabajo que realiza en el día a día y rechazar cualquier anomalía que pueda producirle sufrimiento. Puede rechazar cualquier tipo de avance o preocuparse enormemente por el desarrollo tecnológico. En su mente puede haber una sola puerta o muchas puertas; por ellas puede colarse murciélagos, un sol nuevo, miedos o el rechazo del placer por convicción.
En el pensamiento familiar la persona está pendiente del bienestar de un pariente cercano, hijos, padres, hermanos… un mundo perpetuamente iluminado que no se deteriore demasiado o la esperanza de un mundo mejor, tal vez un mundo lleno de sombras que acaba en la negritud pero también en la absoluta plenitud.
El pensamiento nación-religión es el de las sectas, los pueblos y las naciones, sean grandes o pequeños. En esa parte de su pensamiento, el individuo siente que su vida solo le pertenece en parte, el futuro no está en sus manos y asume acatar todas las órdenes y creerse todas las consignas. El colectivo puede ser una nación democrática o una secta. En cualquier caso, el nacionalismo y las religiones pertenecen a esta forma de pensar. En ambos casos, el ideario viene determinado externamente y el individuo se limita a asumirlo porque no se siente capacitado para pensar por sí mismo.
El pensamiento global tiene dos vertientes. La primera es la del que contempla a toda la población humana del planeta como una gran familia y no acepta ningún tipo de discriminación. Cualquier idea del futuro pasa por mejorar la situación de los desfavorecidos, como si fueran hijos propios. El mundo tiene recursos suficientes y hay que repartirlos. Para ello, es preciso dotarse de un plan a gran escala para desarrollar una economía sostenible en la que nadie carezca de unos mínimos imprescindibles que se puedan obtener de manera indefinida sin destruir el planeta. La segunda es la del que contempla la población humana como un gran mercado que le permitirá alcanzar riqueza y poder. Tiene una visión global, contrata especialistas para hacer estudios de mercado y obtiene dinero con facilidad. Confía en la ciencia para corregir los errores de un consumo que está por encima de la sostenibilidad, generando contaminación y destrucción de recursos. Es el verdadero arquitecto del mundo.
El pensamiento universal es una pequeña parte del pensamiento que todos tenemos dentro y que se manifiesta en mayor o menor medida. La idea de que somos una especie inteligente en un rincón de un universo de proporciones infinitas y que, una de dos, o estamos solos y nuestras vidas no son más que un infinitesimal episodio de la existencia o formamos parte de un gigantesco plan cuya naturaleza desconocemos. También, una de dos, o nuestras vidas no nos pertenecen enteramente, ya que, hagamos lo que hagamos, no podemos cambiar el destino que nos ha sido impuesto o poseemos un poder del que no somos en absoluto conscientes y el universo es un producto de nuestras mentes.



