El violinista
Isaac esperaba en la cola con el violín en la mano. Era uno de los cien niños que esperaban turno en la oficina de inmigración de Brighton, en Gran Bretaña, judíos huidos de Alemania, huérfanos expulsados de su país porque, en los pogromos, los niños todavía no habían sido incluidos en las listas de exterminio.…



