A las puertas del cielo
—No te dejes morir, princesa —murmuró Leila, y me cogió de la mano. Hasta ese momento, ni siquiera era consciente de que la tenía al lado, pero de pronto me invadió la sensación de que yo era la culpable de que estuviéramos en peligro. Me agarraba con fuerza la mano, como si quisiera rompérmela. Se…



